sábado, agosto 13, 2005

CENIZAS DE CUERPO

“Te he buscado, tesoro, he cavado en las noches más profundas”

Rainer María Rilke
NACIMIENTO DE LA NOCHE

Mis ojos admiran la ola olvidada del mar
El cielo prehistórico donde los ángeles huelen a delirio
Después de la última marea donde te escondes
La noche aún se mantiene de pie
Acariciando sus heridas marinas
Y escondes tu pálido cuerpo, herencia del silencio y el mármol

Después de la última marea
Tus ojos sentenciarán los crepúsculos
La noche primogénita que amparó el silencio.
¿ Qué himnos canta la noche
que mantiene insomne a las fieras ?
¿Qué yugular, qué labios, qué Paraíso,
qué orilla llega al tibio mar donde descansas ?

Mi voz se convierte en tu voz,
En el eco de tu cuerpo que me sueña
Y por lo tanto soy, una voz brillando en el silencio de tu sueño
En el eco de tu cuerpo que me sueña,
Y por lo tanto soy, un pálpito de laberintos
De espejos rotos en el corazón de tu alma
De claustrofobias de aves dormidas en su cielo

Envejece la noche,
Encanece en el centro de su luz
Y sigo soñando con el arrobado éxtasis
De la inocencia
El jazmín es la fragancia de tu sexo
Y son azules los lagos donde se orillan los unicornios
Donde cantan los cisnes desde su moribunda eternidad

Eres la princesa de la torre
La bella durmiente del nembutal
Cuando despiertes con un bostezo de poema
Muchas estrellas se habrán suicidado
Saltando al centro de tu cuerpo

Tú recuerdas mi voz adusta
Mis ojos de piedra negra ceremonial
Recuerdas mi naufragio en tu sombra
Las flores semánticas que duermen en los labios de la tierra
Los castillos de arena en plena tempestad
Los espejos que nos multiplicaban apaciblemente
Princesa de arena, reina de la orilla prohibida
Y de las olas adolescentes
Duermes en tu castillo de creencias vanas
En tu piel, en tus manos
En tu mirada cerrada al mundo que no sueña
Porque está prohibido descansar
En la orilla del amor

Pactamos en la neutralidad del poema
Pactamos esa paz aparente con la que sueñan los tiranos
Pactamos con la complicidad del amor
En los campos que amansan a sus muertos

Donde llueven flores que sonríen
Donde las estrellas detienen su movimiento eterno
Cenicienta de las calles más mugrosas

Lágrima de media noche
Pactamos para que el mundo no convalezca más
Para que la sangre no escape de su cause
Para que los ríos no despierten
Para que nos dé sombra el Paraíso
Y sólo queda la ciudad que nos da de alma
Y sólo queda el Tahigeto
Desde donde arrojamos a los dioses al olvido.

Nuestro mundo
no es el mundo de lo obvio
No es el mundo de la ecuación
Ni del cálculo

Nuestro mundo es el del liquen
Es el de la hoja tierna atrapada en el
cuerno del unicornio
Donde el mono dogmático se espanta
Donde el poema
Nace como flor china
En la infinitud virgen de tu piel.

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