martes, octubre 18, 2005

LIMA, LA RUCA


Renato Salas Peña en su primer libro de poemas camina por toda la ciudad de Lima, incluso por sus extramuros, y la violencia de su inmediata verbalización se inspira en ese espacio ominoso en donde la vida no vale nada y la muerte un poco menos:”Las vitrinas nuevamente aturden el calzado / de caminatas absurdas, por Lima, la ruca...”. Estamos frente a la degradación de la ciudad: ya no más la ciudad jardín, la perla del Pacífico ni otro triste consuelo al uso. En el imaginario nuestro la ciudad se ha derrumbado cual castillo de arena. Y para verla mejor, positivamente-como diría algún pintoresco limeño en extinción-, hay que recurrir a la imaginación:”la que se ve mejor si posees una ficción / encima de ti, encima de tu agobiado cuerpo”. Para sobrevivir, como un llanero solitario, en este territorio calcinante ,cualquier ciudadano deberá deslizarse “por asquerosas y apetitosas calles / dos sueldos mínimos vitales un par de / mentiras que contar...”. De esta manera formará parte de la cultura combi:”me asfixio en el micro me pongo lila... “.

Los versos de Renato Salas Peña no pretenden guardar distancias con la violencia imperante de la ciudad, tampoco lo anima el deseo perverso de calumniar a Lima: cada palabra suya es un vivo testimonio de lo que provoca la ciudad: animadversión, oscura simpatía. Brilla en todas las páginas de este volumen una semántica feroz. No hay por qué guardar las formas, diría el hablante de cada texto, deslizarse por el tobogán de la hipocresía. Más que las ambigüedades del nivel simbólico de las palabras el autor prefiere hablarnos con el lenguaje llano, vital, con resonancias hiperrealistas. La visión onírica le ha cedido el paso a una visión descarnada, visceral de Lima. La vehemencia verbal del poeta deja de lado las formas clásicas de la poesía hispanoamericana, el ritmo electrizante suyo está lejos de la calma, la serenidad de un formato tradicional. Si la vida en la ciudad es un vértigo inacabable, pues, la poesía de la ciudad debe ser un ventarrón que nombra y destruye. Es por ello que el libro es un nido de prosaísmos, imágenes que orillan peligrosamente la vulgaridad: todo es válido con tal de exorcizar, a través de la escritura, la visión dantesca de Lima, Vitarte y otros espacios íntimamente ligados a la experiencia personal del yo lírico de estos textos.

“Nadie vio llegar a nuestros padres / trepados cual náufragos en / canoas fangosas y agotadas”,confiesa el hablante de “Las ruinas circulares”. Y continúa el poeta dando cuenta de las migraciones permanentes que tugurizan la ciudad:”Todos ignoraban de dónde venían / qué lejanas esteras habían / dejado pasos atrás...”. Los migrantes que tomaron por asalto la antigua Lima La Dorada , se vieron con la ingrata sorpresa que ahora no hay palacios virreinales: hay pobreza, miseria, desamor. Y verbaliza su desencanto, su rabia y desconsuelo. Ese tono violento es uno de los logros de Renato Salas Peña. Incluso, recurre al humor negro, a la ironía letal cuando reconstruye el núcleo familiar que habita en la ciudad: los padres, los hijos, los nietos son víctimas de su mirada crítica. Todos ellos se albergan en “una casa incendiada”. La voz que da cuenta de la travesía por Lima, la ruca, es la de alguien que está caminando por la ciudad, de regreso al hogar,”medio borracho medio tieso medio humano”...”chineando alguna perdida monedita” para continuar el rito de la autodestrucción. Empero, en medio de la violencia que espera agazapada en cada esquina, más allá del ambiente sórdido que envuelve a la ciudad, el caminante no se doblega, no se traiciona: se levanta, se pone de pie, se acicala para entregarse de lleno al vértigo de la calcinante vida cotidiana con nuevos bríos y termina ,gloriosamente, entregándose al remolino citadino, subiendo “a los buses que corren de Lima a Vitarte / y gritando como un delicioso enajenado: / ¡Dónde están las putas?”. Definitivamente, la poesía, por lo menos en Lima, está en las calles, en las esquinas, esperándonos sin piedad alguna. El libro de Renato Salas Peña, con distintos registros vocales y con un lirismo tenso, es una prueba ardiente, irrefutable de ese desafío perpetuo.

Hildebrando Pérez Grande





5 comentarios:

Dozaa! dijo...

¡Tengo que comprar ese libro!
En ester blog le " hechan flores" a mi profe n_n

Anónimo dijo...

el libro es realemnte genial y yo lo tengo =P

Anónimo dijo...

Que puedo decir?
tengo el libro :D
y simplemente es inigualable
además que él dicta clases como ningún otro profesor
si por mi fuera me la paso en San Marcos todo el día sin escuchar otra clase sólo por escucharlo a él
Tiene el don de hacer entender la Literatura, amarla, adentrarnos en ella, burlarnos, patearla y un largo etc.
Lo extrañaré u_u

atenea dijo...

No pretendo hacer una apología a Renato, ni mucho menos competir contra el merecedor prologo de Hildebrando. Simplemente quiero hablar de Lima - Vitarte, hablar de Renato. Ese villano obsesionado por subir a tu atalaya y de allí divisar su imperio, mientras nosotros, los normales, dormimos.
Pues bien, ese mismo que ha transgredido, con su tosquedad que lo representa, aquel elegante cisne que hoy yace tendido en el piso esperando toparse con el, ahora nos devuelve sus pasos errantes por la pacharaca sociedad eso es: Lima – Vitarte. Ahora disfruten sus sesiones por la tarde.

Anónimo dijo...

yo kiero el libro lo venden en crisol??? aun esta disponible ala ventaaaaa digan pessssss!! =O